miércoles, 30 de noviembre de 2016

SIETE MIL HORAS

Te contoneas en mis sueños a diario.
Te meces en un vaivén errático por mis memorias.
Y nadas hasta la orilla de mis deseos.
En sombras preferidas de los navegantes.

Y te retuerces en un sinfín de risas.
Me haces cosquillas el alma cuando bromeas conmigo.
Y no te puedo refutar.
No te puedo hallar de otra manera.
El beso que muero por darte se hace tan lejano.
Lo esquivas de a ratos y de a ratos pareces proponerlo.

Y en tus ojos las hogueras se apagan y vuelven a encenderse,
Y tomo nota del momento, lo retrato y lo guardo.
Lo saboreo por horas en mis papilas gustativas.
Y no tengo salida del refugio que encuentro en tu amor.

Dejame apartar horas de mi vida para tu encuentro.
Horas que duren días y días, que duren años.
Y así poder vivir en un mar de sonrisa eternas.
Donde las lágrimas te hagan rebalsar de vitalidad.
Y no me necesites sino que me elijas.
De todo el universo de tu existencia.
Colisiones con mi mundo a cada segundo.
Por razón y voluntad. Por tu loco albedrío.

Y agradeceré esos instantes continuamente.
A la fuerza cósmica que nos arrebato para ensamblarnos al lado del otro.
Y dormiré en paz siete años, siete años de setecientos días, setecientos días de siete mil horas.

lunes, 7 de noviembre de 2016

AUSENCIAS RECURRENTES

En la agonía de esos últimos días, de un adiós en pausa.
De hablar y hablar sin tener oídos que oigan. La secuencia interminable de la incertidumbre. Sentir que las paredes te aplastan lentamente en tu impotencia. Cerrar los ojos y ver solo llanto.
De todas las fotografías mentales de ese momento. La mente juega y recuerda todo aquello. Se hace adicta y no quiere parar. 

Y yo no puedo hacer caso omiso a todo ese triste placebo. Me aturde en las noches en donde el sueño me abandona. Donde se recuerda cada palabra y gesto. Cada escrito, cada frase, los modismos.
Se percibe el viejo olor de las memorias de charlas interminables. La melodía de las risas compartidas que hacían al mundo un lugar habitable. De tardes sin decir ni una sola palabra pero disfrutar igual de la compañía una vez más., De exhibirse mutuamente desilusiones para sentir la anestesia de la presencia persona. Del tiempo golpeando en el rostro cuando las horas traicionaban el itinerario de sentirse acompañado.

Los demonios aplauden presurosos a nuestra fatal falta. Las noches inextensas suben escalones sigilosamente sin prisa de llegar al amanecer. Y en los puertos de los recuerdos desembarcan naves llenas de carga y navegantes ebrios de melancolía. Preguntas y más preguntas sin respuesta. Valles morados de imsomnios que razgan la pared.
Y surge el pequeño comezón en el corazón. La picadura dolorosa de la realidad riéndose de nosotros. Ahí, donde el calendario nos dice que ya no se puede hacer nada, que ya pasó.
Donde el espacio y la materia nos susurran que lo único que podemos hacer es recordar con una pequeña sonrisa a pesar de los ojos nublados. Donde la ausencia nos insinúa que nos va a trasmitir fortaleza, ganas de seguir, de hacerlo por quién se fue pero que cuando estuvo nos hizo sentir que creía en nosotros. Que fuimos parte de su motor y que en cada pensamiento suyo nos tenía presentes.

Y los ojos no pueden evitar volverse a nublar en complicidad con una voz quebrada. Y en eso esa pequeña sonrisa que decide aparecer, la sonrisa del sentirse afortunado por todo lo vivido. Por haber contado con aquello que algunos viven buscando toda su vida.

martes, 1 de noviembre de 2016

BREVE ODA A MI FLACURA



Y mis flacas piernas y un poco de calor para disfrutar. Calor no del que venía provocado por el sol incesante que empujaba las ventanas y se metía adueñándose de la habitación donde me encontraba esa tarde, sino calor del mío, mi calor propio, el de mi alma.

Me levanté de la cama donde me encontraba, me saqué la remera manga larga y me quedé con la de manga corta que tenía puesta por debajo. Me sulfuro viendo algo en la tele y me deshago de las medias, me vuelvo a recostar. Cinco minutos más tarde me reincorporo para colocarme las zapatillas, así sin calcetines como me parece haber visto que está de moda. Me predispongo a engullir pedacitos de platano y mango nadando en desglosado yogur. Me siento al borde de la cama y con el calor me arremango los botapies de mi pegado pantalón.
Y allí estaban, mis blancas y flacas piernas saludándome, mis pantorrillas haciendo reverencias a mis más delgados tobillos. Son hermosas, me flirtean y se mecen. La frontera entre la parte con bello y la lampiña juegan con la decoloración de la luz del sol. Me las quedo viendo por minutos y percibo el placentero aroma de lo que pienso. 

Y recuerdo que la primera vez que amé, amé a una mujer y sus adorables estrías que testificaban mi llegada al mundo. Que cuando amé de grande amé fuera de mis pensamientos condicionados por los estereotipos. Y me pregunté por el momento en el que me circuncidaron la imagen de mi mismo y me negaron el placer de verme y enamorarme de mi sin juzgarme.
Reconstruido mi prepucio de las verdades más allá de las imposiciones externas de la belleza amé cada centímetro de mi humanidad. Desde las cornisas de cada uno de mis oscuros y rebeldes cabellos hasta el torcido dedo chiquito de mi pie. Pasando por mis delgados brazos, los huesos que sobresalen entre el cuello y la caja torácica, mis -a la vista- frágiles muñecas y el resto de mi raquítica existencia,  incluidas mis hermosas piernas.

Y supe que cuando te encuentre, amaré tus sublimes piernas carnosas o casi tan flacas como las mías. Amaré tu cintura fina o tu bella pancita, tus brazos de cualquier volumen pero llenos de amor, tus cabellos multicolores, tus pechos pequeños o grandes llenos de vitalidad y ternura. Porque sé que cuando te vea a los ojos no necesitaré mirar nada más ni tampoco necesitaré decirte nada más, porque al verme me desnudarás el alma y sabrás hasta mis más íntimo secreto. Prescindiremos totalmente de lo que nos hayan dicho de las apariencias porque con nuestras almas echas nudo estaremos satisfechos; ya ahí nuestros cuerpos serán el deleite mutuo de la complementación de las esencias. Te amaré más allá de la opinión del resto. Amaré esa belleza que algunos prefieren darle otro nombre, ciegos y víctimas de sus propios prejuicios, atontados por los estándares que alguien les introdujo en un enajenado compás de imágenes en los medios.

Y con esta mente destellante y sedienta del licor de pensamientos como éste desee que todos se amen y amen así. Desee que se lleven los dedos a los ojos y se arranquen de cuajo las percepciones que les fueron impuestas. Y que fueran libres de los estereotipos. Libres para amarse y amar. Así como yo amo mis blancas, velludas y flacas piernas.


lunes, 5 de septiembre de 2016

ABDICANDO MIRADAS

Al parecer, se encontraban a escondidas. A escondidas de las miradas.
Incluso de las nuestras propias, de nuestros ojos cicatrizantes, de nuestro nudo en la garganta.
De nuestra memoria que de enero a diciembre se encontraba helada.
Se veían de vez en mes por no soportar esa voz que dentro de nosotros sabíamos que encanta.

Que encantaba nuestros ojos, oídos, piel y cabellos.
Que descarnaba nuestra vacía visión del mundo.
Que mecía nuestras pupilas como sellos.
Sellos de alguna carta que no encontró nunca su rumbo.

Nos destacábamos del resto sin pretenderlo siquiera.
Nos colgábamos de cruces en las que nos crucificábamos a nosotros mismos.
En esas cruces no podría estar cualquiera.
Seríamos nosotros de carne y hueso, antes de atravesar los abismos.

Te veo y te dejo el cascajo de mi respiración.
De mi ignota repetición, de mi constante abducción.
La abducción a la que no me acompañaste.
Cuando encontré aquel sello que dejaste.

Y veo pasajes del cuento que fuimos. De la errática existencia de lo que no llegó a ser del todo.
Siempre pululando entre nuestras sombras. Manchas inquietas que no quieren irse.
Dejándonos a orillas de las vías de un tren imaginario. Un tren de cargas insalubres.
Estaciones abandonadas y enmohecidas. Cabizbajas ante las grandes luces de la ciudad.
Así como lo que nos pasó, antes del choque de la furia de la maquinaria.
Antes de la colisión desoladora, antes de la última obertura.
Perdiendo quietud, asignando temores a caudales. Sin mesura, sin remordimiento.
Nos despide sin palabras, con gestos de santa ironía.
Socarrona, como tú ayer, como yo hoy.






lunes, 1 de agosto de 2016

LOS ABANDERADOS




¿Donde terminarán? ¡Terminarán donde quieran!
Ellos flotan, viven, suspiran, echan legumbres y recogen sueños alimentados del odio y la furia.
Muerden y mastican con insondables ruidos, ruidos que nadie escuchó antes.
Mastican premisas del dolor ajeno y el dolor propio lo escupen. Acorazan sus verdades sin destinos, sin preocupaciones.

¿Quién no los envidiaría?
Están recostados, retozando en púrpura. Y en el suelo danzan sin compás de armonía sin identidad.
Se sientan meciendo sus pies mientras escuchan la voz de la melancolía de la esperanza y la desesperanza. Suena igual a Ian Curtis. Y la voz va acariciando sus pelos mientras el atardecer decide saludar.
Ellos son desastres enredados formando una bola holgada de sin sabores.
En sus rostros se pueden ver las cicatrices del jornal que les esputó la rutina en los años del régimen que los tuvo esclavos.

Ellos se besan, se besan sin demorar. Saben que los minutos no vuelven y que el diente de león no recuperará nunca más su forma después del mamporro del viento.
Ellos saben bien que aún no hay nada que se escribió acerca de ellos, que no se escribirá nada más de lo que en sus paralelos sueños imaginaron.
No temen más, duermen hasta el día siguiente. Dormirán hasta el amanecer inconcluso.
Cierran los ojos y desesperan a la parca. No cantarán sus canciones, no se oirá lo que ellos pensaron.
Nacieron y murieron en el pleno regocijo de la libertad que se auto impusieron.

martes, 8 de marzo de 2016

PERDON MUJERES




La verdad hoy no quiero felicitar a nadie, hoy quiero pedirles disculpas en nombre de todos los hombres.
Perdón por todas las veces que obedeciendo a nuestros instintos más primarios las hemos mirado como objeto de deseo, por todas las cosas sin sentido que decimos de ustedes en descargos de impotencia y dolor, por todo imbécil que no valoró a la que lo quería y se fue con la primera que le ofreció mayor placer, por cada gil que prefiere estar en una borrachera que estar con aquella que lo espera en casa para saber como estuvo su día, por todo tarado que por ser más fuerte (y que aveces ustedes eligen mal) las maltrata, por las veces en las que también se juzgan entre ustedes mismas por culpa de algún boludo que instaló los estereotipos, por todo religioso baboso que no quiere darles un lugar bien ganado en los círculos espirituales que desean y las hace vestir como se le da la gana, por cada bastardo que al poseer un cargo importante en una empresa les ofrece mejoras laborales a cambio de favorcitos sexuales, por cada uno de esos mismos jefes que aprovechando su posición les viven diciendo estupideces, disculpen por cada una de esas hembristas que se desviaron del tema de la igualdad y que también son producto de nuestros mismos errores, por los malos padres que abandonan a sus hijos, por los irresponsables que les dicen que “un hombrecito no llora”, por los que crían una sociedad violenta que las maltrata a ustedes y maltratará a sus hijos/as, por Marina y Maria Jose, por Analí Huaycho, por Kim Phuc, por todas y cada una de ustedes que son victimas, por todas y cada una de ustedes que son victimarias, por los hombres que también sufren violencia, por los niños que sufren violencia, por los animales que sufren violencia, por ser culpables de esta sociedad que se olvidó de ese amor de madre que deberíamos de darnos unos a otros. 

Al crecer como hombre uno se da cuenta del mundo que hemos formado y es un asco, hicimos del machismo una bandera invisible tan grande que las obligamos incluso a ustedes a izar una de hembrismo tan nociva como la nuestra. 
Mujeres son maravillosas, no cambien por nada, ni por lo que digan las demás mujeres, ni por el que no las valoró, ni por los que les dicen que son lindas sólo cuando visten menos, ni por lo que la sociedad diga de ustedes… ¡Jamás fueron menos, tampoco son más, siempre iguales!