lunes, 30 de enero de 2017

GRISES VIBRANTES (Cap VI)




“ -  ¿Eso es todo? ¿Ahora me dejarás? –dijo como claudicando la pregunta.
- Sabes bien que conoces la respuesta –replicó mientras toda prueba de fortaleza abandonó su rostro-. No se como decírtelo.
- La puerta estará siempre abierta –susurró levemente-. En cierta manera.
 Y entonces Brunna revisó su interior para ver si podría encontrar un poco de ese coraje que se había perdido en la media hora de trayecto hasta la casa de Lola. No lo halló.
Sus miedos y hasta sus deseos esquivaban a toda costa verla a los ojos, esos ojos verdes que le recordaban a la más tierna infancia. Y peor aún, evitaba ver la invitante comisura de sus labios. El lugar donde podía haber soñado por largas noches y habitado por la otra mitad.

Las miradas no se encontraban. La de Lola, por supuesto, era la más suplicante y pedigüeña. Mientras que Brunna se hallaba perdída entre sus pensamientos y los deseos siempre presentes cada vez que la tenía cerca.

Y hubo un silencio tan largo como el de las madrugadas entre semana. Sin tráfico ni gente gritando, mucho menos de algún aparato de música o la televisión. Y de repente se empezaron a escuchar caer una por una pequeñas gotas de rocío que golpeaban ligeramente la cima de los tejados de chapa. Muy pequeñas, pero los suficientemente poderosas como para que a Brunna la abandonarán los miedos y coloque su gorra en la cabeza de Lola. El sentido protector de aquel amor que un día las unió alcanzó nuevamente protagonismo y esto hizo que Lola se quebrante un poco más pero ya no había nada que disimular. Si bien las gotas de lluvia se entremezclaban con las lágrimas, los sollozos eran más fuertes que aquel ruido.

Ya vencida la mirada de Lola se estaba apunto de perder entre las zapatillas que poco a poco se iban mojando, pero algo interrumpió su trayecto. Eran los ojos de Brunna que la habían encontrado como aquella mañana de sábado en el que la conoció. Era la misma tierna, astuta y seductora mirada. Y tal como aquella vez se hicieron una en el contacto visual.
En esta ocasión se sabía que ya no pasaría lo que había pasado las otras veces y sólo atinaron a mirarse por pequeños segundos entrecortados por las gotas de agua que empapaban los rostros. Y los brazos de Brunna empezaron a acercarse para rodear la parte superior de la espalda de Lola como si fuera una niña que abraza a su padre cuando la recoge de la escuela.”

(Pequeño fragmento del capitulo sexto de Grises Vibrantes)

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